jueves, 1 de octubre de 2015

10 juegos infantiles de antaño en El Salvador


Este tipo de diversión infantil no tiene un alto costo económico ni requiere del acceso a la tecnología, solo necesita que los niños aporten su energía y tener amigos para disfrutar al máximo.
Se trata de los juegos infantiles tradicionales con los que varias generaciones de salvadoreños crecieron, los cuales se caracterizan por poner a prueba la habilidad física y mental de niños y adolescentes.
En algunos juegos se necesita correr, bailar, fuerza, saltar, poner a prueba la imaginación y hasta cantar.
Cabe señalar, que aunque en la actualidad mucha de esta diversión existe, poco a poco ha ido siendo desplazada por los juegos digitales.
Este 1 de octubre en El Salvador se celebra el Día del Niño y en este contexto, elsalvador.com ha recopilado 10 juegos de antaño. ¿Cuál es tu favorito?
1. Mica
Mica
De este juego había variedad: la mica fruta, mica televisor, mica pelota, mica agachado.
2. Chancha balancha
Chancha balancha
El juego de un nombre feo que termina con uno bonito. Inicia con un participante que se coloca al frente de una fila de personas y canta:
“chancha balancha hojita de laurel me a dicho una señora que cien hijos tenés"
El grupo responde: “aun que los tenga pero ni uno te daré, aun que las tenga pero ni uno te daré"... ¿Recuerdas la melodía, matetero terolá?
3. A la víbora de la mar
A la víbora de la mar
La letra de la canción puede variar
"A la víbora, víbora de la mar por aquí pueden pasar los de adelante corren más y lo de atrás se quedarán, tras, tras, tras. Campanita de oro déjame pasar con todos mis hijos menos los de atrás, tras, tras, tras. Será sandía, será melón, será tu tata que está pelón...
4. Chibola
Chibola
Este juego es universal, y aunque existen muchas variantes, la esencia es casi siempre la misma: lanzar una o varias canicas para intentar aproximarse a otras o a agujeros objetivo. Cuando se gana una mano se suelen tomar las chibolas del otro jugador o de los jugadores contrarios.
5. Arranca cebolla
Arranca cebolla
6. Escondelero
Escondelero
Jugar escondelero o a las escondidas es emocionante, divertido y ayuda a que el niño se ejercite.  La frase que identifica a este juego es: "1, 2, 3 para mí y todos mis amigos".

7. Trompo
Trompo

8. Capirucho
Capirucho
El juego consiste en insertar el palito en el capirucho el mayor número de veces consecutivas. Si se falla se pierde el turno.

9. Hule
Hule
Recuedas la frase: "Juguemos hule"
10. Peregrina
Peregrina
En el suelo se dibuja una plataforma con diversas categorías. La partida comienza cuando el primer jugador tira un tejo en la primera división trazada en el suelo.

viernes, 11 de septiembre de 2015

himno el salvadoreño guitarra electrica - solo





Saludemos la patria orgullosos, de hijos suyos podernos rockear
Este cipote del Instituto Nacional Benjamín E. Valiente. de Metapán es un crack

dale share para que sepan que en el país hay talento, de paso ponete la mano en el pecho y cantá conmigo.

viernes, 28 de agosto de 2015

jueves, 27 de agosto de 2015

23 ago 15 carrera agostina migueleña 60km y 80km

El coleccionista de los lencas

Ramírez presenta una de las piezas. En general, su colección está compuesta por piezas pequeñas, aunque no por eso menos importantes.

Desde muy temprana edad, Mauricio Ramírez se interesó por la cultura lenca, ya que nació en Quelepa. Su fascinación fue tan grande que inició una colección privada, legalmente registrada e integrada por alrededor de 260 piezas. Él tiene en edición un libro titulado “Los orígenes lencas de El Salvador. 
En su infancia, al igual que otros niños, visitaba los campos de algodón en Quelepa, donde encontraba piezas arqueológicas. Las recolectaba. En general, hallaba pequeños rostros hechos de cerámica, por los cuales los dueños de las algodoneras pagaban entre uno y cinco centavos de colón. Pero un día no quiso realizar la venta. Guardó una pieza, luego otra y otra. Así inició su colección y su pasión por los lencas, según sus propias palabras.

Su nombre es Mauricio Ramírez. Tiene 43 años. Es abogado, autor del libro “Los orígenes lencas de El Salvador” –que se encuentra en edición– y coleccionista privado. Tiene alrededor de 260 piezas, de las cuales la mayoría son lencas: probablemente 180.
Entre esos vestigios se encuentran piezas sorprendentes. Hay una minipiedra de moler que según le han dicho arqueólogos del Museo Nacional de Antropología David J. Guzmán (MUNA), era uno de los juguetes de los niños de esa época; un plato de la fertilidad, que aún conserva muchas de sus imágenes; y una figura cuya importancia radica en su proceso de creación, pues fue tallada encima del molde, algo inusual.
“Yo nací en una zona arqueológica. El pueblo más cercano a San Miguel es Quelepa, ‘el jaguar de piedra’, que fue el centro ceremonial y político de los lencas”, explica Ramírez, quien afirma que esta es una de las razonas por las cuales la mayoría de piezas son de Quelepa.
Sin embargo, Ramírez tiene más razones para coleccionar piezas de esta civilización. “Los lencas son los más antiguos. Es una belleza la cultura maya, pero cuando reviso la historia, se sabe muy poco de los Lencas, o la información está dispersa. Estuvieron antes de Cristo y por eso nace esa pasión”, explica Ramírez, quien recuerda que desde muy joven tomó la determinación de saber qué eran esas piezas, por qué fueron creadas y quiénes fueron sus creadores.
Con estas ideas en mente –una vez que regresa a Quelepa tras haber emigrado a San Salvador para formarse profesionalmente–, Ramírez realiza una investigación. Crea su segundo libro, que recoge toda la información referente a la historia lenca del país; por esta razón, el documento contiene temas como la arqueología de El Salvador, los antecedentes históricos lencas del país y la ruta Copán-lenca, entre otros. Aunque, según sus palabras, su objetivo principal con el libro es explicar la parte legal de la arqueología, no solo a través de la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural de El Salvador, sino por los convenios internacionales.
Asimismo, Ramírez se preocupa por la parte legal de su colección. Se acercó al MUNA e inició el registro de las piezas arqueológicas. “Es mentira de que si uno lleva piezas se las quitan. La ley permite que estén en manos privadas; lo único que se controla es que estén como riqueza del patrimonio cultural de El Salvador y lo que evitan es su exportación o venta ilegítima”, explicó el abogado.